Herramientas artificiales para procesos humanos
Estamos viviendo una época que nos invita a experimentar. De hecho, pareciera que no se puede hacer otra cosa más que experimentar. Una y otra vez, una y otra vez, usando todo el tiempo nuevas herramientas y nuevos servicios y nuevos productos.
La inteligencia artificial y los modelos de lenguaje están ampliando nuestras posibilidades de producción y desarrollo, y ciertos procesos que antes requerían equipos especializados están siendo reemplazados por cientos de nuevas herramientas.
Esta realidad —para quienes trabajamos con ideas, contenidos y proyectos creativos— además de ponernos un tanto neuróticos, abre un escenario casi infinito si tenemos el coraje de mantenernos optimistas.
En fin… hace tiempo que vengo dedicando parte de mi trabajo a explorar estas herramientas. Podría pensarse que soy un profesional que quiere profesionalizarse, pero no. Para nada. A veces simplemente me estoy divirtiendo con los nuevos espejitos de colores.
Así que no estoy interesado en dominar una tecnología en particular. Pero sí quiero jugar con las nuevas posibilidades que nos ofrece la disrupción que estamos viviendo.
Como un inocente niño que se pone a jugar con un alacrán
Y en ese proceso de descubrimiento, esperando no ser atacado por mi objeto de estudio, empiezo a usar las herramientas. Estudio, selecciono y pruebo. Estudio, selecciono y pruebo. Y así voy viendo qué me sirve y qué no.
Porque ahí está el truco, si queremos ponernos más serios. Las herramientas tienen que servir para un objetivo que vaya más allá de la exploración.
Puedo, sin dudas, experimentar por experimentar, jugar por jugar. Pero también sé hacerme espacios de investigación y desarrollo que están al servicio de entender esas nuevas maneras de hacer “mejor” algo que es muy mío, y que también es muy humano.
El objetivo, la estrategia y la conceptualización antes que la herramienta
Si experimentamos con una herramienta para ver qué puede hacer, el punto de partida es la tecnología en sí y sus posibilidades.
Si experimentamos con una herramienta para incluirla en un proceso de trabajo que responde a objetivos específicos, el punto de partida es el problema que necesitamos resolver.
Desde esta segunda mirada abordo esta idea de laboratorio. Hacer un proceso de exploración que, finalmente, dadas las condiciones, pueda ser aplicado.
Hay un aspecto de ese proceso que es relevante para mi laburo, que es el trabajo de conceptualización creativa. Ahí me muevo como pez en el agua. Es una de las áreas donde me entrené como un maratonista y donde además tengo cierto talento que puedo poner en valor.
¿Y para qué sirve ese talento? Antes de pensar en una imagen, una interfaz, una pieza de comunicación, un título de un artículo o cualquier otro recurso, necesitamos comprender qué estamos intentando expresar.
Qué queremos transmitir. A quién nos dirigimos. Qué relación tiene esa pieza con la totalidad del proyecto. Y principalmente, para qué estamos haciendo lo que estamos haciendo.
Todas estas preguntas pertenecen al terreno del pensamiento estratégico.
Es el pensamiento estratégico lo que nos dice qué deberíamos conceptualizar. Entonces, conceptualizar puede quedarse simplemente en el acto de encontrar una idea atractiva, o puede además responder a una necesidad estratégica. Y ahí es donde se ven los pingos.
De ahí la importancia de saber identificar el problema y de elaborar una estrategia, mucho antes de usar una herramienta para producir contenidos.
Entonces, redondeando, cuanto mayores son las posibilidades de producción, más importante se vuelve tener claridad sobre los objetivos y sobre cómo alcanzarlos.
Si podemos generar imágenes, diseños o contenidos en pocos minutos, el desafío deja de ser producir alternativas y pasa a ser reconocer cuáles tienen verdadero sentido.
Dos experimentos visuales para Activo Editorial
Hace un tiempo estuve trabajando en el diseño de un servicio de mentoría estratégica editorial para Activo Editorial.
Eso significaba definir la propuesta de valor, identificar las necesidades del público, organizar las áreas de trabajo y desarrollar una identidad narrativa y visual coherente con el servicio.
Durante ese proceso surgieron algunas exploraciones creativas. La que aquí comparto fue una colección de seis cuadros que combinan ilustraciones botánicas, páginas de libros antiguos y una estética cercana al arte editorial.
La idea era construir un lenguaje visual que acompañara seis conceptos relacionados con el trabajo editorial:
Descubrir el valor del conocimiento
Diseñar estrategias
Acompañar procesos de escritura
Comprender la industria
Desarrollar ecosistemas de contenidos
Construir identidad y narrativa
Como no tenía tiempo ni dinero para llamar a un artista que produjera esas ideas, me fui a “jugar” con Nano Banana para buscar una expresión más abstracta, con cierta identidad artística, que permitiera darle unidad visual al conjunto.
La segunda exploración, para la conceptualización de otro servicio de Activo Editorial, estuvo orientada al diseño de una serie de esculturas de vidrio, con distintas materialidades, colores y tratamientos internos.
Estas piezas surgieron para acompañar la presentación de diferentes instancias de un proceso de trabajo:
Conversación estratégica
Diseño y entrenamiento
Implementación técnica
Activación y ajustes
En ambos casos, el desafío fue construir un sistema visual con coherencia interna, capaz de mantener una identidad reconocible y, al mismo tiempo, introducir variaciones entre sus piezas.
Acá hago una distinción: no comparto estos experimentos porque considere que me convierten en un gran artista. Hay profesionales con un dominio técnico, artístico y expresivo muchísimo más desarrollado que el que se puede apreciar aquí.
Pero lo que tengo que destacar es que, lejos de ser un capricho artístico, estas exploraciones fueron posibles gracias a una combinación de pensamiento estratégico, trabajo conceptual, dirección creativa y, también, herramientas de inteligencia artificial.
¿Podrían todas estas capacidades haber sido reemplazadas? Por supuesto. Pero no quiero en este artículo defender la humanidad detrás del criterio o el criterio detrás de la humanidad. Principalmente porque puedo salir perdiendo.
Pensamiento estratégico, criterio artístico y sensibilidad conceptual
Hoy trabajamos con determinados modelos y aplicaciones. Dentro de unos meses probablemente tengamos otros, con capacidades diferentes y nuevas posibilidades de producción.
De cualquier forma, me interesa mucho más desarrollar métodos y procesos de trabajo que aprender a depender de una herramienta específica.
Lo interesante es que hoy podemos acceder a formas de creación que antes resultaban mucho menos accesibles. Hay cierta democratización de la producción creativa que merece una reflexión propia, especialmente por sus implicancias para la industria creativa y los profesionales que trabajan en ellas.
Y una de esas reflexiones está aquí: si las herramientas nos permiten producir cada vez más, ¿qué es lo que realmente necesitamos aprender a desarrollar?
Recopilo los tres puntos que ya mencioné:
El pensamiento estratégico, para comprender los problemas, reconocer oportunidades, definir objetivos y establecer una dirección.
La sensibilidad conceptual, para interpretar el sentido de las ideas, descubrir relaciones y encontrar formas de expresión que no sean simplemente decorativas, sino coherentes con aquello que queremos comunicar.
Y el criterio artístico, para evaluar las cualidades estéticas y expresivas de una solución, reconocer qué funciona, qué aporta valor y qué merece ser desarrollado.
Estas capacidades no son exclusivas del trabajo con inteligencia artificial. Son fundamentales en la dirección de contenidos, el diseño de identidad, la comunicación y cualquier proyecto que busque transformar ideas en algo concreto.
Evidentemente la tecnología puede ampliar enormemente nuestras posibilidades. Puede ayudarnos a experimentar, acelerar procesos y encontrar soluciones que antes ni siquiera hubiéramos considerado. Pero disponer de más posibilidades no significa necesariamente tomar mejores decisiones.
Por eso creo que el verdadero desafío está en la identificación de qué tenemos que producir, por qué y para qué. El cómo siempre estará cambiando.